Aucun
doute en lisant ce poème, il a été écrit pendant l’époque
franquiste: pour s’embrasser, il fallait se cacher, même les
baisers dans les films furent, pendant un temps, censurés.
Ninguna
duda al leer este poema, fue escrito durante la época franquista:
para besarse había que esconderse, incluso en las películas, los
besos fueron, durante algún tiempo, censurados.
Ángel
González (1922-2008, Espagne)
Ils
sont peu.
Le
printemps est très prestigieux, mais
l’été
est meilleur.
Et
aussi ces fissures que l’automne
forme
en intercédant avec les dimanches
dans
certaines villes
elles-mêmes
jaunes comme des bananes.
L’hiver
élimine beaucoup d’endroits:
seuils
de portes orientées au nord,
berges
des rivières,
bancs
publics.
Les
contreforts extérieurs
des
vieilles églises
laissent
parfois des renfoncements
utilisables
même s’il neige.
Mais
ouvrons les yeux: les basses
températures
et les vents humides
rendent
tout difficile.
Les
ordonnances, de plus, interdisent
la
caresse (avec exemptions
pour
certaines zones épidermiques
-
sans aucun intérêt -
des
enfants, chiens et autres animaux)
et
le “pas toucher, danger d’ignominie”
peut
se lire dans mille regards.
Où
fuir, alors?
Partout
des yeux qui louchent,
des
cornées tortueuses,
d’implacables
pupilles,
des
rétines réticentes,
surveillent,
se méfient, menacent.
Il
reste peut-être le recours de marcher seul,
de
vider l’âme de tendresse
et
de la remplir de lassitude et d'indifférence,
en
ces temps hostiles, propices à la haine.
(Trad:Colo)
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| Foto: Cuartoscuro/Archivo |
Inventario
de lugares propicios al amor
Ángel
González (Oviedo 1922- Madrid 2008)
Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia ( con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿Adónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.
Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia ( con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿Adónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.

