Rêver
de souvenirs lointains; il y a peu une de mes sœurs m’a dit être
passée devant la maison de notre grand-mère.
Je
me souviens de tous les détails, des escaliers, des caves, de la
chambre bleue au bout du couloir... Pourquoi ai-je rêvé que je m’y
étais perdue?
Aujourd’hui,
et sur ce thème, un poème de Silvina Ocampo (Buenos Aires,
1906 – 1993), une femme très connue pour ses contes qui sont
passés à l’histoire de la littérature Argentine du xxºs pour la
cruauté déconcertante qu’elle a su imprimer à certains
protagonistes de ses récits.
Soñar con lejanos recuerdos; hace poco una de mis hermanas me dijo haber
pasado delante de la casa de nuestra abuela.
Me
acuerdo de todos los detalles, de las escaleras, del sótano, de la
habitación azul al fondo del pasillo...¿Por qué habré soñado que
andaba perdida allí?
Hoy,
y sobre este tema, un poema de Silvina Ocampo (Buenos Aires, 1906 –
1993), mujer muy conocida por sus cuentos que pasaron a la historia
de la literatura Argentina del siglo XX “por
la crueldad desconcertante que supo imprimir en algunos protagonistas
de estos relatos.”*
Le
rêve récurrent
J’arrive
comme je suis arrivée, solitaire, effrayée,
à la porte de rue en bois ciré.
à la porte de rue en bois ciré.
J’ouvre
la porte et j’entre, silencieuse, parmi les tapis.
Les
ombres des murs et des meubles m’effrayent.
Je
gravis les marches de marbre jaune,
avec
des reflets rosés. Je pénètre dans un couloir.
Il
n’y a personne, mais il y a quelqu’un caché dans les portes.
Les
sombres volets sont tous ouverts.
De
jour les hauts plafonds semblent
un
ciel d’étoiles éteintes grandissantes.
Le
souvenir conserve une ancienne rhétorique,
il
s’élève comme un arbre ou une colonne dorique,
habituellement
il dort dans nos rêves
et
nous en sommes, en secret, ses maîtres exclusifs.
(Trad: Colo)
El
sueño recurrente
Llego como llegué, solitaria, asustada,
a la puerta de calle de madera encerada.
Abro la puerta y entro, silenciosa, entre alfombras.
Los muros y los muebles me asustan con sus sombras.
Subo los escalones de mármol amarillo,
con reflejos rosados. Penetro en un pasillo.
No hay nadie, pero hay alguien escondido en las puertas.
Las persianas oscuras están todas abiertas.
Los cielos rasos altos en el día parecen
un cielo con estrellas apagadas que crecen.
El recuerdo conserva una antigua retórica,
se eleva como un árbol o una columna dórica,
habitualmente duerme dentro de nuestros sueños
y somos en secreto sus exclusivos dueños.
Llego como llegué, solitaria, asustada,
a la puerta de calle de madera encerada.
Abro la puerta y entro, silenciosa, entre alfombras.
Los muros y los muebles me asustan con sus sombras.
Subo los escalones de mármol amarillo,
con reflejos rosados. Penetro en un pasillo.
No hay nadie, pero hay alguien escondido en las puertas.
Las persianas oscuras están todas abiertas.
Los cielos rasos altos en el día parecen
un cielo con estrellas apagadas que crecen.
El recuerdo conserva una antigua retórica,
se eleva como un árbol o una columna dórica,
habitualmente duerme dentro de nuestros sueños
y somos en secreto sus exclusivos dueños.
