Poursuivons
avec Juan Rodolfo Wilcock et ce conte ironique à souhait où le
petit monde littéraire est mis à mal.
Seguimos
con Juan Rodolfo Wilcock y este cuento en tono irónico que parodia
el mundillo literario.
Les
poupées - conte - J.R. Wilcock
C'est
une grande armoire en bois de noyer, simple, verticale, à la fois
lourde et élégante, presqu'un symbole de la digne stabilité;
d'autre part elle est toujours fermée. À l'intérieur, l'armoire
est divisée en petites étagères, et sur chacune vit une écrivaine;
en réalité ce sont les vieilles poupées qui se transformèrent en
écrivaines par l'action seule de l'inaction, de l'obscurité et de
l'ennui. Pour cette raison elles portent toutes des robes colorées,
souvent les costumes d'une région ou d'une province, et la tête
légèrement disproportionnée par rapport au corps, trop plate, trop
en pointe ou simplement trop volumineuse; sauf une poétesse qui l'a
très petite, ce qui fait beaucoup rire les autres, comme si avoir la
tête petite était plus drôle que de l'avoir grande.
De
toute façon, et comme l'armoire ne s'ouvre jamais, et les étagères
ne permettent d'autre communication que l'habituelle entre
prisonniers, à l'aide de petits coups frappés suivant un système
conventionnel, peu à peu toutes les poupées se sont consacrées à
la littérature, et devinrent ainsi romancières, poétesses,
critiques littéraires, critiques théâtrales et consultantes
d'édition. Là dedans tout est tambouribage continu: chacune veut
faire entendre aux autres ses propres oeuvres. Mais celles-ci sont,
inutile de le dire, des oeuvres de poupées. Il y a la romancière à
lunettes qui après dix ans de travail parvint à écrire ce roman,
intitulé Grève:”Il faisait froid. Les ouvriers faisaient
la grève. Sur le plus froid le plus jeune mourut de grève”. Il y
a la dramaturgiste d'avant garde qui chaque année présente la même
comédie en un acte, intitulée L'autre:”ANA:
Donne-moi un baiser, Edgardo. EDGARDO: Je ne peux j'en aime un
autre”.
Il y a la fille
théâtrale qui chaque semaine rédige son verdict: “ Brave la
breva dans le rôle de Briva”. Et il y a la poétesse à petite
tête, la plus prolifique de toutes, qui une fois par mois refait,
changeant la rime, la même lyrique:
Pauvres
les
Pauvres.
Dans l'obscurité,
convaincues de leur importance, les poupées à la tête
disproporcionnée bougent, prennent des postures, menacent les
gouvernements étrangers si ceux-ci voulaient continuer à persister
dans l'erreur, et passent le jour entier à transmettre leurs propres
compositions. En vain, car aucune ne veut écouter ce qu'écrivent
les autres, et d'autre part elles n'emploient pas toutes le même
système conventionnel de petits coups, ainsi leurs efforts tombent
inexorablement dans le vide. Parfois quelqu'un s'approche de
l'armoire fermée, approche l'oreille des portes en noyer, et
commente: “Mais cette armoire est pleine de souris!” C'est pour
cela que personne ne veut l'ouvrir.
FIN
(Trad: Colo)
Las muñecas - Cuento - Juan Rodolfo Wilcock
Es
un gran armario de madera de nogal, simple, vertical, al mismo tiempo
pesado y elegante, casi un símbolo de la digna estabilidad; por otra
parte está siempre cerrado. Por dentro, el armario está dividido
con estantecitos, y en cada uno de estos estantes vive una escritora;
en realidad son las viejas muñecas que se volvieron escritoras
solamente por obra de la inacción, la oscuridad y el aburrimiento.
Por esa razón todas llevan trajes coloridos, a menudo los trajes de
alguna región o provincia, y la cabeza ligeramente desproporcionada
respecto al cuerpo, demasiado aplanada, demasiado en punta o
simplemente demasiado voluminosa; salvo una poetisa que la tiene
pequeñísima, y esto hace reír mucho a las demás, como si tener la
cabeza pequeña fuese más gracioso que tenerla grande.
De todas formas, y como el armario no se abre nunca, y los estantes no permiten otra comunicación que la habitual entre los presos, por medio de golpecitos dados en un sistema convencional, poco a poco casi todas las muñecas se han dedicado a la literatura, y así se volvieron novelistas, poetisas, críticas literarias, críticas teatrales y consultoras de editoriales. Allí dentro todo es un continuo repiqueteo: cada una quiere hacer oír a las otras sus propias obras. Pero éstas son, de más está decirlo, obras de muñecas. Está la novelista con gafas que después de diez años de trabajo consiguió escribir esta novela, titulada Huelga: "Hacía frío. Los obreros hacían huelga. Sobre el más frío el más joven murió de huelga". Está la dramaturga de vanguardia que cada año presenta la misma comedia en un acto, tituladaEl otro: "ANA: Dame un beso, Edgardo. EDGARDO: No puedo, amo a otro". Está la chica teatral que cada semana redacta su veredicto: "Brava la Breva en el papel de Briva". Y está la poetisa de la cabeza pequeña, la más prolífica de todas, que una vez al mes rehace, cambiando la rima, la misma lírica:
De todas formas, y como el armario no se abre nunca, y los estantes no permiten otra comunicación que la habitual entre los presos, por medio de golpecitos dados en un sistema convencional, poco a poco casi todas las muñecas se han dedicado a la literatura, y así se volvieron novelistas, poetisas, críticas literarias, críticas teatrales y consultoras de editoriales. Allí dentro todo es un continuo repiqueteo: cada una quiere hacer oír a las otras sus propias obras. Pero éstas son, de más está decirlo, obras de muñecas. Está la novelista con gafas que después de diez años de trabajo consiguió escribir esta novela, titulada Huelga: "Hacía frío. Los obreros hacían huelga. Sobre el más frío el más joven murió de huelga". Está la dramaturga de vanguardia que cada año presenta la misma comedia en un acto, tituladaEl otro: "ANA: Dame un beso, Edgardo. EDGARDO: No puedo, amo a otro". Está la chica teatral que cada semana redacta su veredicto: "Brava la Breva en el papel de Briva". Y está la poetisa de la cabeza pequeña, la más prolífica de todas, que una vez al mes rehace, cambiando la rima, la misma lírica:
Pobres
los
Pobres.
los
Pobres.
En
la oscuridad, convencidas de su importancia, las muñecas de la
cabeza desproporcionada se mueven, toman posturas, amenazan a los
gobiernos extranjeros si éstos quisieran seguir persistiendo en el
error, y pasan todo el día transmitiéndose sus propias
composiciones. En vano, porque ninguna de ellas quiere escuchar lo
que escriben las otras, y por otra parte no todas manejan el mismo
sistema convencional de golpecitos, así que sus esfuerzos caen
inexorablemente en el vacío. A veces alguien se acerca al armario
cerrado, acerca la oreja a las puertas de nogal, y comenta: "¡Pero
este armario está lleno de ratones!" Por eso nadie quiere
abrirlo.
FIN
